Bien es cierto que del cerdo se aprovecha todo, pero nunca imaginé que también se le utilizaría en la construcción de este pequeño pánico obsesivo que nos rodea desde hace semanas (no hay más que darse una vuelta por cualquier aeropuerto para sentirse protagonista de una historia saramaguesca). El caso es que, sin querer hacer de menos a esta pandemia del momento, y solidarizándome por supuesto con las víctimas y familiares, creo que se nos está nublando la perspectiva.
No es que me parezca mal que la niña Evelyn llore en la Casa de América y menos si canta Paulina Rubio, y entiendo que, ante esas manifestaciones de apoyo de "México somos todos", pues la mujer se nos emocione. Pero vamos a ver si nos ubicamos.
Resulta que HOY el diario El País publica que (manteniendo el estatus de este tipo de noticias, nada de grandes portadas y columnas de opinión) en Africa occidental sufren la peor epidemia de meningitis de su historia. Una vez más, y aun pudiéndose prevenir con facilidad, ha provocado la muerte a casi 2.000 personas.
Volviendo a aquello de "una muerte es una tragedia, pero un millón de muertes una estadística", a mi esto ya me parece un poco desproporcionado. No me gustaría frivolizar con las cifras, pero 44 frente a 1.900 muertes y, si hablamos de afectados, 1.000 frente a 56.000 en el continente marrón, pues como que la pandemia de moda se me queda en un simple catarro. Pero mientras unos estornudan, otros intentan conseguir el euro que cuesta vacunarse contra la meningitis.
Por cierto, Amaral se ha comprometido a participar en el acto de solidaridad con el pueblo mexicano, porque México somos todos. Ahora la que llora soy yo.